sábado, marzo 31, 2007
viernes, marzo 30, 2007
Diario de la India (IV)
EFE / AMP
un hueco extramoral que me ha permitido el disparo de mí, el más otro que lo otro de mi corazón y pájaro y cangrejo, el lanzamiento a un líquido suspendido en el Todo en limón negro universal de mí; conciencianiña, animal impresionado por la belleza de lo infinito esto, lo eterno aquí, el lecho poblado de cangrejos conmigo y contigo, que eres yo, que soy nosotros: ancla desballestada, amor de luz que vienes de las luces alborotadas: he llegado a un fondo de bamboleo, al calor sostenido de la confianza en la palabra.
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jueves, marzo 29, 2007
sábado, marzo 17, 2007
Diario de la India (III)
PROMESA DE LUZ
Las piernas peludas han bajado la escalera de madera de pino. Los pies han pisado la siembra de intuiciones-ventanales: ha crujido la hojarasca pensante y he llegado hasta el fondo, hasta la blanda composición del suelo último, del corazón inerme de la tierra. También han penetrado el cosmos otro en actitud escarbadora la niña que vuelca el cántaro en la hierba para que empampe mis pies descalzos -fresco contacto con la naturaleza decimal- y el perro loco que muerde las melenas de las palabras irradiadas por el pensamiento uno. Vaso y jofaina y niña y perro: rompeos en silencio hacia mí, volad subterráneamente a mi dios discreto y ancho. Mira cómo me entra la vida por la respiración, niña de la cabellera negra y revuelta, siente cómo el infinito mundo de perro loco me llega hasta la sangre en vuelta con el exterior del interior. Dime que me está entrando un barco de flores y alomas por fuera. Quiero responder a la vida, quiero conducir este insuflo imprevisto de mi ser a un trabajo sensorial ancho de esto, quiero deshacer el camino verde y hablar desde el ámbito de la primavera; yo corazón joven y fugaz, impertinente en mi belleza, músculos que me tensan y sangre en columpio sagrado: estoy mirando ya mi cuerpo circular desde el interior del tiempo, cavado de espacio, me he visto desde fuera tras subir esta escalera llamadora de dioses. Los veintitrés soles de lo mío en horqueta con lo otro han vuelto. La luz eterna y humana de los veintitrés astros han colapsado con su luz el universo en su extinguida promesa de oscuridad.
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12:08 p. m.
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domingo, marzo 04, 2007
Diario de la India (II)
pájaro atlántico
El girasol en mi labio me ha abierto un amor hondo, un amor atlántico que me ha relacionado con dios, con un aceite espeso como de sangre. Nos hemos visto entre los azufres y los latidos calientes de ceniza, han caído a tiras las rebanadas de piel de aquellos ángeles que decíamos, limones sobre tus cabellos, dios abierto al mar, los ojos de lo mercurial. Y las tiras de lomo de caballo en descenso, serpentina y esparto, carne azul en ámbito. Te he cortado el tallo, rosa creciente de lo mío, y la leche brillante divina tuya me ha mojado los dedos; dedos, república múltiple de la orgía que ya viene, sangres unidas en el mercurio. Me has aspirado los pétalos construidos en salto doble de conciencia, pero yo me he girado como siempre en dentro, ampliación del velo de lo libre a la gigante jofaina celestial. Bajo la manta de colores y azufres de los dioses y barro de huesos me he ayuntado contigo en secreto, yo y tú crecientes de pasión por lo colorante, tú barro y fulgor y yo rosa llena de cosas, girasol de ámbito. Luz de la izquierda: ven a mi presencia voladora, a cranear el buen costado, al doble espíritu de oro y pájaro que nos lleva a la conciencia de amor en este viaje mortal a dios.
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12:36 p. m.
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miércoles, febrero 28, 2007
Presencia otra
Yo estaba solo y risueño en el jardín.
¡Qué tristeza
al marchar ella de mi lado!
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4:39 a. m.
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lunes, febrero 26, 2007
Yeh Mera Dil - Don
He encontrado el vídeo de la primera canción que escuché en la India: Yeh Mera Dil. Con Kareena Kapoor y Shah Rukh Khan.
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sábado, febrero 17, 2007
Diario de la India (I)
Paseo tercero
Los hombres escalera me guían con su perro de los turbantes. Camino y observo cómo rezan los pescadores ancestrales, inclinando el yugo sobre la lluvia, haciéndose piel y mundo uno en la nuca negra. Arrobado, entro en el barco dorado de lo sij. Desde el fondo del cántaro escucho dioses del limón entero, del néctar amargo de los centros. El reverbero del abismo me mueve los pies: subo las escaleras de lo religioso. En el último peldaño de mármol, me lavo las manos en una jofaina rupestre. Llevo un vaso de cerámica a mis labios: el agua me fluye en frío universal. Piso con mis pies descalzos -peso animal- la terraza de lo otro, que me recibe con elevación de oro para compensar mi materia. La lluvia excesiva masajea mi ámbito, entra en mi piel buscando el frío de la cerámica violentamente, se transforma en madera de pino en jofaina, en pan ácimo que hace presencia en mis pies. Tiro de mi dedo índice, de mí, hombre lleno de manos, y pellizco el pan dorado. Me alimento con él y todo es como un diverso volver, como un ámbito girado en su fugaz trascendencia, como un cántaro reverberante, una campana de continua religión, dolor alto, sangre de tiempo, fulgor de un dios entregado, ámbito donde se roban las piedras de las alforjas sagradas, luz tenue que con furia azul entra en mi corazón de dos soles: corazón de soledad construido de maderas muertas y verjas oxidadas, de amor y rosa unida y árbol rojo y mar y vértice de amor. Corazón fulgurante que por fin ha roto su pretil: mi conciencia disparada hacia lo otro, espíritu de un paseo mío tercero.
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1:56 p. m.
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miércoles, febrero 14, 2007
Indian Rickshaw Deconstruction
El barbudo me dijo que su rickshaw estaba libre. Me acerqué a él y regateamos. Partimos hacia nuestro destino, siempre pretérito y gelatinoso, como de ámbito azul.
Otros vehículos con trayectorias indirectas, honestamente descerebradas, invadían el espacio de lo nuestro. El conductor ahuyentaba a los cuervos sobre ruedas con improperios y golpes de cláxon. En un semáforo, besó el parachoques de un coche con su rueda delantera para avisarle del mundo verde, del paso abierto, en lugar de usar otros métodos más discretos.
Cabreado, subió una rampa. Un elefante nos daba el culo macilento. La famélica cola pendulaba con cachaza. En una vuelta, golpeó suavemente el techo del autorickshaw.
Volvimos a parar en un semáforo y vimos un accidente de tráfico. Nos miramos, impertérritos, indianamente.
"Rápido, rápido, que llego tarde", le dije. "Ok, ok, no problem", me contestó, según la constumbre. Me miré en el retrovisor y me arreglé el flequillo. Sentí la injusticia plúmbea de mi acto. Maisán aceleró. Arrinconé por un segundo la pasión encendida de mi cita: sus manos negras me ofrecieron un glacial entendimiento.
Para celebrarlo, estiré mi dedo índice como de una cuerda, me lo tiré al hombro como una toalla, lo recogí por detrás y lo llevé hasta su hombro: "This time, we'll be on time", le dije. Sentimos los dos un triunfo de la voluntad compartido. Pero mi dedo no paraba de crecer: se proyectó hacia delante. Maisán se asustó, pero intentó adelantarme. Le faltaba mucho para mis uñas.
Mis dedos tocaron la naturaleza y el relato se deconstruyó.
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2:46 p. m.
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lunes, enero 29, 2007
La confianza
Ante la presión de Garmor y Joan Pau, Morgar se compromete a no olvidar Occidente: Grecia, Roma, la autonomía de la voluntad, las vanguardias, Beckett, la hipermodernidad...
De Beckett se me olvidaron los libros, pero me queda su recuerdo y su aliento de niño albino. "D'aquí a dos o tres-cents anys, et trobaràs perfectament, seràs la tarda (Enric Cassasses)", se puede leer en la cartulina negra posada sobre la tumba de Beckett, que encontré en una visita al cementerio de Montparnasse de París.
Son las imágenes primeras que se publican en esta bitácora desde que su autor está en Oriente. Y son de Occidente, aunque nosotros siempre fuimos los más orientales de entre los occidentales. Somos los de la imagen y la trayectoria directa del pensamiento, los de las sensaciones intelectuales, los de la palabra humanista y el credo en el arte.
También es la época del descreimiento, que dura ya más de un siglo, y que nos está asolando. Llora Occidente, en plena consciencia de sus crisis emocionales. Pero la auténtica crisis de valores la vive Oriente, lo cual augura una etapa dorada para las artes liberales.
En cuanto a nosotros, una nueva generación de escritores iluminará el siglo XXI con una literatura mercurial. Estos modernos siempre fueron los mismos: los salmones con heridas.
Llueve sobre Nueva Delhi.
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8:14 p. m.
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George Steiner
Les ferides del pensament, com les creus de Tàpies.
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8:23 a. m.
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martes, enero 16, 2007
Flor
Veo dos indias guapas, sentadas. Paso de largo. Me caen fragmentos de Nada en la cabeza. ¿Qué me han lanzado? ¿Barro, escarcha? Frunzo el ceño. Enfadado, compruebo la materia. Sorpresa del ofendido, cuando descubre un pétalo en su hombro izquierdo.
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8:42 a. m.
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martes, enero 02, 2007
On Beckett
Morgar escriu sobre Beckett a L'Avui. Pròximament... Steiner.
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10:30 p. m.
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sábado, diciembre 16, 2006
Escribidor
Morgar escribe sobre la crisis de la palabra (pág. 220-222).
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1:49 p. m.
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miércoles, diciembre 06, 2006
Amargura natural
Morgar ya tenía la cabeza en la India. El desplazamiento mental, sin retorno, se produjo unas horas después de abrir las primeras páginas literarias sobre esa cosa asiática, en la pluma de Mircea Eliade. El pobre ausente, porque Morgar no es otra cosa que un pobre ausente, soñó con unas enseñanzas que recibía de un maestro indio en una cabaña de madera de pino cortada a machete.
Se había dormido mediante la respiración de vientre. Sintió, ya en el sueño, el peso del trópico en el cuerpo deseado y deseante de alguien que buscaba su jadeo. Se revolvió en la casa total y miró al maestro a los ojos.
Salió a la calle: una rambla hindocatalana. Allí descubrió que todo era producto de la mente, como siempre habían sospechado los idealistas. Comentó tal extremo a su amigo, que no le creía. Así que Morgar hizo crecer un bocadillo crujiente de sus manos.
-¿Lo ves?
El amigo, simplemente, se zampó el bocata. Morgar, ya libre, consciente de que estaba soñando y de que podía incluso volar, hizo aparecer un quiosco, del que cazó una bolsa de patatas para su amigo. Sus favoritas.
Entonces se convenció de Todo. Una alegría como de navajas de oro empezó a cortarle la piel, dulcemente. Hubiera podido incluso creer en algo, darse a algo que no existiera, pero su único miedo era no romper los muros del sueño para mantenerse en aquel estado, ya sí, de éxtasis metafísico.
Me desperté en tranquilidad. Me llamaron al móvil. Con cachaza, respondí. Era mi jefe de política: mañana entraría dos horas más tarde. Dos horas más de sueño. El mundo me pareció, por unos segundos, algo bonito. Amargamente, me dije que siempre es agradable ver cómo le crecen las piernas a la ilusión.
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3:55 p. m.
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