escalera: Diario de Pakistán
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jueves, junio 11, 2009

Pakistán o la teoría del mosquito

Mis últimas vacaciones, de diez días, las empleé en la relectura de un libro: Pakistán. No había estado allí desde enero de 2008, después de que mataran a Benazir Bhutto. Los periodistas extranjeros viajamos entonces a una Islamabad nevada y llena de estupor por el asesinato de su líder más populista y anticastrense. Era también una ciudad rebosante de excitación democrática ante la llegada de las elecciones, aunque esto cae, como siempre, en el terreno de mis intuiciones, siempre desubicadas.

Vuelvo en mayo de 2009 para visitar a mi amigo y corresponsal de la Agencia Efe en Pakistán, Igor G. Barbero. Noto que el país no ha cambiado su discurso de fondo pero que ahora hay una nueva saudade política: el enésimo desencanto con las instituciones y, sobre todo, el desconcierto ante la necesidad de posicionarse ante el integrismo islámico. Esta desorientación es clave porque está en el mismo corazón de la identidad de Pakistán, que había nacido reivindicando ser el hogar para los musulmanes del sur de Asia pero, también, una entidad que hacía alarde de un cierto Islam moderado y de un respeto teórico hacia las minorías.

Igor ya es un paquistaní, si es que no lo era antes: insiste en que me levante a la misma hora que él, que debe empezar pronto su jornada laboral. Intento hacerle comprender que el hecho de que su día comience no significa que el mío haya empezado también, pero es inútil, porque ve algo de inmoral en que se me peguen las sábanas en mis vacaciones, periodo en que sólo quiero dormir, soñar, escribir y fantasear.

Me engaña también para que me quede algún día más en Islamabad para poder ver juntos la final de la Copa del Rey -él es del guerrero Athletic, yo del lírico Barça- y me convence. Al final no podemos ni escucharlo por la radio: tenemos que llamar a su madre por teléfono para que nos ponga la correspondiente locución, que escuchamos en manos libres cuando Bojan ya había marcado.

Intuyo que Igor tiene razón en algo, porque son de nuevo esos días en que, pese a no estar en mi puesto de trabajo, me empujo hacia alguna exploración fruto de mi condenable tendencia a mezclar las obligaciones laborales con el tiempo libre. Así que intento no levantarme muy tarde, le suplo un día y él me consigue una entrevista con el portavoz militar de Pakistán, Athar Abbas. Escribo cosas con la nostalgia del paso del tiempo y el recuerdo de que, en la India, las fuentes son inasibles. En Pakistán todo el mundo quiere hablar; en la India hay un extraño desinterés por la comunicación directa y un rumor laxo de unión de fondo.

Conozco, sin saberlo, a la hija de Raja Tridev Roy, que habla un perfecto español. Son de la tribu chakma de Bangladesh y ello despierta mi interés bengalí. En efecto, Tagore decidió preciosos nombres para varios miembros de la familia: Rabindranath aparece también en Pakistán. Visito la casa a invitación de Trivini y conozco a su ilustre padre, amigo del difunto Zulfikar Alí Bhutto. Roy departe de forma sencilla y bondadosa, sin olvidarse de citar a literatos de habla hispana vista la nacionalidad de su invitado.

Aunque el encuentro más divertido tuvo lugar un domingo. Lo organizó Igor. Llamó a un punjabí que se dedica a acompañar a periodistas a las zonas de conflicto a cambio de un pastón que nosotros no nos podemos permitir, y a Pir Zubair Shah, un periodista que trabaja para el NYT y que pertenece a la misma tribu que el líder de los talibanes paquistaníes, Baitulá Mehsud. A la cena, celebrada entre ragas sufíes, Pir acude con otros dos pastunes. Debo recordar que el equipo del NYT que cubre Pakistán y Afganistán, en el que está integrado Pir, ha ganado un Pulitzer, así que, pensamos, sólo nos queda escuchar.

Uno de ellos dice llamarse Abdulá Mehsud y sólo responde cuando le requerimos en urdu. Lleva la vestimenta típica paquistaní (shalwar kamiz) y una profusa barba islámica. El otro va vestido de civil -perdón por la licencia- pero es el que consigue la condecoración de personaje revelación de la velada. El civil, también de Waziristán, señala de repente a un minarete. "¿Qué es eso?", nos pregunta. Dudo, perplejo, entre dos respuestas: "minarete" o "mezquita". Se adelanta Igor, que apuesta por la segunda: "It's a mosque". Sus palabras son, a mi juicio y espero que también en opinión de los lectores de esta bitácora, tautológicas. Pero no para nuestro comensal: "No, eso es lo que decís vosotros los extranjeros, eso es una masjid", la palabra árabe para el templo islámico, también usada en urdu. "Los extranjeros decís mosque, que viene de mosquitos, porque queréis decir que es un sitio repugnante". Se equivoca, claro, pero me siento un poco culpable porque al fin y al cabo esta locura etimológica probablemente se debe a nuestra alteración fonética ('j' por 'k') de la palabra original, que luego ya pasó a otras lenguas, entre ellas el inglés.

El auditorio se agita entre llamadas al resurgimiento del nacionalismo pastún -el punjabí parecía retraído- y a la defensa ardorosa del Islam. Igor, que es un primor, apaga el fuego con su bondad. Yo me veo tan incapaz de decir algo bueno sobre el integrismo religioso que me dedico a servir comida y bebida a los comensales, algo que lleva al ideólogo de la teoría del mosquito a considerarme, de forma ya irrefutable, una buena persona.

Pir insiste en que quiere ligarse a una holandesa de raíces italianas que Igor y yo conocemos. Esto parece mucho más interesante para todos los paquistaníes, aunque los españoles insisten en preguntar sobre talibanes y bombas. Y Pir se lamenta: "Mira, el territorio es fácil de conquistar, lo sabemos nosotros los pastunes. La tierra se barre -dice mientras dibuja con los brazos una enorme extensión asolada- y punto. Pero esto es mucho más difícil. Se trata de conquistar cuerpo y mente".

Todos ríen, quizá tras repasar sus proyectos amorosos -más o menos imperialistas o poéticos, inocentes o desvergonzados, sinceros o malvados- en Barcelona, Waziristán, Bilbao, Lahore, Madrid, Islamabad, Berlín; Delhi. Nos vamos a casa: Igor está como siempre muy preocupado por el futuro del país en el que vive. Por una idea nacional ya totalmente deshilachada que nunca ha convencido a nadie; quizá aún menos a las numerosas etnias que habitan en Pakistán. La mística del sufismo, la poesía en urdu y el liberalismo retroceden: avanza en desorden un integrismo amoral y desintelectualizado que pocos comparten pero que no todos están dispuestos a rechazar.

Pero seguimos con amor hacia Pakistán por sus generosas gentes, su pronunciación suave, sus mezquitas pensantes. No se me va el olor a Pakistán porque allí sigue Igor, hablando cada día conmigo para dirigir en un sentido u otro las lanzas de la información, constatando a diario la entrañable desorganización de un pueblo que te miente y te saca de quicio, que te promete e ilusiona.

Entra en mí el desasosiego porque todos los países del sur de Asia, sin excepción y en especial Pakistán, deben definirse a partir del modelo de la India. La idea india está en la brisa lenta de las mezquitas paquistaníes, donde los fieles se postrán ante Alá; en las pagodas de los templos hindúes de Nepal; en los puntos sagrados del budismo de Sri Lanka; en los rickshaws de mil colores de Bangladesh; en los sueños y las televisiones de los afganos; en el sustento de la monarquía de Bután. Para gozo de unos y sufrimiento de otros, está presente en todas las mentes surasiáticas como algo sobre lo que hay que formarse y opinar.

Pero imagino mil veces que cruzo la frontera por tierra, que me adentro de nuevo en Pakistán. Doy gracias a Igor, susurrando, por su enorme esfuerzo por informar cada día y, de forma un poco más egoísta, por contarme cada día los cotilleos políticos, el movimiento de los días, los sueños rotos o las nuevas ilusiones del pueblo paquistaní. Llaman a la oración musulmana en Nisamudín; lo escucho desde mi ático.

Maisán: desde Delhi siento que Pakistán y la India son la misma sangre.

lunes, enero 21, 2008

Pakistán y la India: analogía y diferencia

Imaginen una Europa anárquica, sin Estados todavía, gobernada laxamente por un imperio asiático frío y calculador. Imaginen que esta Europa, siempre tan diversa en gentes y lenguas, pero con un cogollo cultural común, lo es también en religiones profesadas. Tras un siglo de dominación, el Imperio de Oriente -que sería chino-, sale con el rabo entre las piernas cuando lleva decenios alentando la partición de Europa en moros y cristianos, algo que tan sólo se han creído sus clases dirigentes, mientras el pueblo sigue recogiendo la viña y plantando olivares. Se divide el continente y los chinos siguen hablando de la gran rivalidad entre Eurabia y la Europa cristiana. Que ya es una realidad.

Pakistán, el país de la bomba islámica, nació en 1947 de la voluntad de un manojo de abogados liberales, concretados en la figura del atormentado Ali Jinnah. Vio la luz en dos territorios sin frontera, separados por el que todos creían que iba a ser su gran aliado y se convirtió en su sempiterno enemigo: la India. Musulmanes bengalíes en Pakistán Oriental; patanes, punjabíes, sindis y baluchis en Pakistán Occidental. Terratenientes, comerciantes, clase obrera, pastunes conectados con Afganistán. Sangrante nacimiento, muerte de su líder, golpes militares, asedio de la India. Perder todas las guerras. Y perder Bangladesh: más de la mitad de su población.

Lo que es extraño es que este resentimiento no haya desembocado en un abrazo tembloroso al Islam. Tampoco ha sido mejor solución el Ejército. Y ché. Se nota el influjo del sufismo, especialmente en Punjab, que da una elasticidad mágica a la región. Siempre estará, para empañarlo, la salvaje frontera con Afganistán -donde se esconde Bin Laden-, plataforma usada por EEUU y el ISI para crear el monstruo de la insurgencia talibán contra los soviéticos.

Entremos por la gigante puerta de la India, país que tiene un Ejército alejado de la política y más grupos terroristas en su seno que Pakistán. Pasemos por el norte del país, recogiendo las flores del hindi, lengua hirsuta y pegada al sánscrito, flecha de acero en la que las palabras 'gracias' y 'de nada' están desterradas. Penetremos, por Punjab, hacia el vecino islámico, en la maravillosa Lahore. El urdu sustituye al devanagari con su propio alfabeto, de reminiscencias árabes. Coloquemos bien la oreja y escuchemos la melancolía de un idioma con casi idéntica gramática. El hindi es ese español que va ganando en nostalgia hasta llegar al Atlántico y convertirse en portugués-urdu, canto triste y bello. La saudade paquistaní se adivina también en la amabilidad de las gentes, más quedas, no tan tumultuosas como las indias. Algo, por otro lado, que no se antoja muy difícil.

Si la India disfruta en sus entrañas de la geometría islámica -Taj Mahal- y de los abigarrados templos hindúes, que forman una trama desigual, de sostenida divergencia, en Pakistán toma protagonismo un cierto ordenamiento de la vida, que no ha penetrado en su tejido político. Hay carreteras homologables a las europeas, algo impensable en la India: hay una voluntad de ser musulmán, pero el carácter surasiático siembra señales de que, en todo el subcontinente, nos encontramos ante la misma civilización.

Una civilización con una relación directa con la vida, en un infinito presente continuo, ilusionada y fallida, plantada en el centro de la Historia: inconsciente de su devenir, vago, luminoso; cuerpo lleno de heridas propias y ajenas que no acierta a taparse, cadáver lleno de vida lanzado hacia la flecha de Dios. No el celo: la copla; no la disciplina: el quehacer. Encaje imposible de un puzzle que un día fue posible. Pero no les importa. Ellos viven. Nosotros nos lamentamos.

Me parece la suya una existencia salvaje, desbocada, intestinal.

Monstruoso llorar, también, el europeo. El nuestro. Quejarse desde la cabeza: atalaya de la cultura.

sábado, enero 12, 2008

Manos mayores





No es la nieve de Pakistán, sino el invierno de Portugal. Estamos sentados: tú en la poltrona mostaza con forma de mano; yo en la mecedora de madera de pino. Miramos, otra vez, por la ventana. Inadvertidamente, siquiera para los duendes, desplazas tu anciana mano derecha, aún plena de luz -fulgor sostenido que ha limpiado la cresta de las palabras latinas- sobre el dorso de mi mano izquierda.

Mis falanges están forradas de esta piel carcomida bajo la cual se arriesga la sangre por un sistema de transporte humano, tubos ocres que un día fueron verdes como la menta. Pongo sobre las dos manos la trayectoria de mis cansados ojos: ardillas voladoras agotadas de los frutos de la vida, peces de lodo arrastados ya hacia la playa de la muerte, órganos educados para la digestión de la literatura.

Al impactar con la materia, la línea visual se encuentra con tu mano de sirena de Goa, controladora de los fuegos de San Antonio, hacha de dios que me cortó para siempre. A los 80 años, mis ojos no pueden creerlo: aún hay otra sorpresa. Mi mano derecha se planta, victoriosa, sobre el montón de manos muertas. Hace frío.

jueves, enero 10, 2008

El juego de la nieve


Me asomo a la ventana, actividad central de la mente viva, y veo los copos de nieve que caen sobre Islamabad. Me parece una inmensa capa doblada de Alá que quiere apagar el fuego de las pasiones políticas y militares de Pakistán. "Baisab, paresani, eh!" (Maisán, problema, ¡eh!), le digo
al transeúnte de corbata, que no consigue arreglar la moto. "Ji, ji" (Sí, sí). La gente se divierte con el espectáculo, como nosotros en el patio del colegio en Barcelona cuando montábamos los monigotes de granizo, manchados por el gris de la contaminación y el desasosiego. Pero aquel día éramos felices.


Vuelvo al homo ludens, a la idea del hombre como edificador de juegos: la oca de las pasiones (me tiro a otra porque me toca), el parchís del sexo (me como una y me cuento veinte), el ajedrez de la vida (apertura española para impedir la penetración del sufrimiento).

Paseo por la Mezquita Roja de Islamabad, donde en julio se atrincheraron cientos de personas -integristas, mujeres, niños- y que fue escenario de una carnicería. Asaltada por el Ejército paquistaní, el color crema que espolvorea sus paredes se hunde en la mediocridad de Islamabad, una de las ciudades más aburridas que he visitado en mi vida, hecha con cartabón: epicentro de poder, vértice del castillo que los campesinos mirán con desdén.

Paseo dentro de la mezquita y hablo con sus moradores en urdu. No hay nadie. Poco a poco, el recinto se va llenando de devotos barbudos y libres, cooperantes y tercos, ancianos y pilotos de vidas principiantes. Llega hasta mí el sentimiento religioso, el mismo que me golpeó en el templo dorado de los sij, en Amritsar, cerca de la frontera con Pakistán; el mismo de la ermita de la perdida Granada, el mismo que el templo budista de las afueras de Leh, donde discutí con un monje la representación material de la realidad, o sea, el mundo como un producto mental. Algo con lo que, por otro lado, no estoy de acuerdo.

Sí que estoy de acuerdo con mi salida de la mezquita. Con la paz. Miro al oeste, donde sé que los talibanes la están liando. Miro al este, donde hoy un suicida ha acabado con la vida de más de veinte personas. Concluyo que este juego, al que no me autorizo a poner nombre, es algo más peligroso.

Me miro las manos. Pienso en mi gabán olvidado. Vienen fríos rusos. Pero yo sólo pienso en el sol italiano y en el cielo español.

lunes, enero 07, 2008

Dejo de colgar mis noticias

¿A quién le importa la información internacional? Ya contaré algo verdaderamente interesante. Pero mejor cuando vuelva a mi terraza de Delhi.

¿Te imaginas que escribiéramos la gran novela, el gran libro del sol?

domingo, enero 06, 2008

El Ejército de Pakistán lanza una ofensiva militar en el valle norteño de Swat

Agus Morales

Islamabad, 6 ene (EFE).- El Ejército de Pakistán lanzó hoy una "gran ofensiva" sobre el valle norteño de Swat, bastión del líder integrista islámico Fazlullah, uno de los señalados por el Gobierno como posible responsable del asesinato de Benazir Bhutto.


"Los insurgentes en la zona están aterrorizando a los civiles", aseguró al canal privado "Dawn TV" el portavoz del Ejército, Waheed Arshad.

La "gran operación" cuenta con el "apoyo" de los lugareños, según Arshad, quien no pudo precisar el número de muertos que había habido hasta ahora.

"Hay pequeños refugios de insurgentes y queremos sitiarlos. La operación aún está en marcha", indicó.

Según un comunicado colgado en la página web de los servicios secretos paquistaníes, las fuerzas de seguridad han lanzado una ofensiva sobre las regiones de Shaur, Chuprial, Wanai y Namal, todas ellas en el montañoso valle de Swat.

Los militares tienen como objetivo a Fazlullah, conocido como "maulana FM" por sus mensajes radiofónicos en los que insta a los lugareños a que empuñen las armas contra el Ejército, que según el portavoz de las Fuerzas Armadas se esconde junto a 300 hombres.

El líder islamista, supuestamente ligado a la insurgencia talibán y a la red terrorista Al Qaeda, fue señalado junto al líder yihadista Baitullah Mehsud, que opera en la región tribal de Waziristán del Sur, como posible responsable del asesinato de Bhutto.

El Ejército asegura que el "maulana FM" se esconde junto a 300 hombres, aunque una fuente oficial señaló cuando las tropas emprendieron su primera ofensiva en Swat, el pasado mes de octubre, que el líder islamista contaba con el apoyo de unos 4.000 lugareños.

"Aquí hay mucho Ejército. Pero Fazlullah no está aquí, está en otra zona del valle, en Pahar. Tener aquí a las tropas es un gran problema", explicó a Efe por teléfono el gerente de un hotel del distrito de Mingora.

Según la agencia estatal APP, las fuerzas de seguridad arrestaron ayer a Abdur Rehman, un próximo colaborador del "maulana FM", al cual están interrogando.

Ante una posible intervención del Ejército estadounidense en la frontera afgano-paquistaní, Waheed señaló que "Pakistán es dueña de su propia seguridad", y rechazó cualquier tipo de ayuda militar de Washington.

"Pakistán no necesita la ayuda de nadie", abundó el general.

La operación coincide con la dimisión del gobernador de la Provincia de la Frontera Noroeste (NWFP), Ali Mohammad Jan Aurakzai, aceptada ayer por el presidente del país, Pervez Musharraf.

Su renuncia podría deberse a que su gestión de la situación en la provincia, donde se encuentra Swat, no era del agrado del Gobierno paquistaní, según una fuente cercana al ex gobernador citada por la prensa local.

Aunque este valle, que visitaban muchos turistas, se encuentra fuera de las conflictivas áreas tribales fronterizas con Afganistán, desde finales de año se ha convertido en uno de los mayores focos de integrismo del país que el Ejército no ha conseguido apagar.

El Gobierno paquistaní apunta a Fazlullah y Mehsud como cerebros del atentado que acabó con la vida de Bhutto el pasado 27 de diciembre, aunque ha encargado la investigación a un equipo antiterrorista de Scotland Yard.

El presidente de EEUU, George W. Bush, echó un capote a Musharraf al señalar que el atentado tenía "todos los signos" de haber sido obra de Al Qaeda, mientras que el Partido Popular de Pakistán (PPP) de Bhutto sospecha que los servicios secretos están detrás del asesinato.

Los comicios legislativos paquistaníes, pospuestos tras la muerte de Bhutto, se celebrarán el próximo 18 de febrero.

La Comisión Electoral anunció hoy que enviará las listas con los 80 millones de paquistaníes llamados a las urnas a una empresa informática canadiense para guardarlas en un "sistema seguro" y evitar así la actividades de los "hackers".

Golpe de Estado en el alma

Sueño que hay una ejecución pública. Me parece una plaza griega, aunque está llena de paquistaníes y en un placa se lee "Liaqat Bath", el parque donde Benazir Bhutto fue asesinada. Me acerco a la plataforma de madera roída. Quieren ahorcar al jefe del Ejército paquistaní, Ashfaq Kiyani. Musharraf está allí, mirando a todas partes menos al sitio del sacrificio. Sus colaboradores no se atreven a llevar a cabo la ejecución, así que el mismo Musharraf, inseguramente, sube los peldaños y amarra el cuello de Kiyani a una cuerda débil.

Aumenta la tensión dentro de mí. Pienso en posibles movimientos de la luna. Y Kiyani echa los brazos hacia atrás, agarra de la nuca a Musharraf y se gira como un bailarín. Sale a la carrera y organiza un golpe de Estado, aunque no conozco la versión material del mismo. Todo queda como una idea en la gris explanada de Rawalpindi.

Estamos en una casa de varias plantas y las Fuerzas Armadas entran a registrarla. Esto tiene que ser consecuencia de la salvación de Kiyani, de los nuevos eventos políticos, pienso. Escapo por una puerta trasera y me siguen cuatro españoles y una manada de paquistaníes. Nos subimos todos en un triciclo motorizado, y nos preguntamos qué está pasando en este país. El cielo negro cae sobre nosotros. Hay un aroma a jazmín y la brisa me cierra los párpados.

sábado, enero 05, 2008

Baja la intensidad informativa

Scotland Yard inspecciona el lugar del asesinato de Bhutto entre promesas del Gobierno de no interferir en la investigación

Agus Morales

Rawalpindi (Pakistán), 5 ene (EFE).- El equipo de Scotland Yard inspeccionó hoy por primera vez el lugar donde Benazir Bhutto fue asesinada para reconstruir la secuencia de los hechos, en una investigación a la que el Gobierno paquistaní ha prometido no poner trabas.

Los cinco expertos antiterroristas británicos visitaron el parque de Liaqat Bath, en Rawalpindi, ciudad cercana a Islamabad, informó a Efe una fuente policial.

Scotland Yard inspeccionó durante dos horas el terreno, que fue limpiado con mangueras tras la muerte de Bhutto y que hasta hoy se podía visitar libremente.

Los expertos intercambiaron puntos de vista con jefes policiales de la provincia oriental de Punjab e intentaron reconstruir la secuencia de los hechos, según una fuente policial citada por el canal privado de televisión "Dawn".

También visitaron una comisaría de Rawalpindi para sacar fotografías del vehículo blindado de la ex primera ministra, aseguró una fuente de la Policía a la cadena "Geo TV".

El parque de Liaqat Bath fue acordonado por un laxo cordón policial, mientras los curiosos intentaban asomarse a la zona y recibían las reprimendas de los agentes.

"Llegan tarde para investigar la muerte de Bhutto", dijo un lugareño que discutía con los agentes.

El Gobierno de Pakistán prometió que no intentará "influir" en las pesquisas de Scotland Yard y que no someterá a ningún tipo de presión a los investigadores británicos, según una fuente del Ministerio de Interior citada por "Dawn".

El grupo antiterrorista aterrizó ayer en Islamabad y se reunió con cuatro investigadores paquistaníes y tres miembros de la legación diplomática británica en Pakistán para analizar la situación.

Los británicos, que por el momento han rehusado hacer declaraciones a la prensa, se enfrentan a la difícil labor de esclarecer el asesinato, ya que la familia de la asesinada líder del Partido Popular de Pakistán (PPP) se opone a que su cadáver sea exhumado.

La secretaria de Información del PPP, Sherry Rehman, citada hoy por el rotativo "The News", aseguró que su formación colaborará con Scotland Yard, aunque insistió en pedir una investigación de la ONU.

Mientras, el Gobierno decidió declarar "sensibles" a la violencia 36 localidades de las cuatro provincias del país durante el mes sagrado del Muharram, que empezará entre el jueves y el viernes.

El Ejército y las fuerzas paramilitares estarán en estado de alerta para "ayudar" a las autoridades civiles, según una fuente de Interior citada por "Dawn".

Será tras el mes del Muharram, el próximo 18 de febrero, cuando se celebren las elecciones legislativas paquistaníes, pospuestas por el presidente del país, Pervez Musharraf, tras el asesinato de Bhutto.

Musharraf nombró como nuevos miembros de la Comisión Electoral al magistrado Dastagir Shahani, del Tribunal Superior de la provincia de Sindh (sur), y al juez Jehanzeb Rahim, del Tribunal Superior de Peshawar (capital de la Provincia de la Frontera del Noroeste).

Además, la misión de la Unión Europea en Pakistán, que cuenta ahora con 50 miembros, se reunió con el presidente de la Comisión Electoral, Qazi Muhammad Farooq, quien prometió a los observadores "unas elecciones libres y transparentes", según una fuente del organismo citada por "Dawn".

viernes, enero 04, 2008

Scotland Yard se enfrenta al reto de esclarecer la muerte de Bhutto



Agus Morales

Islamabad, 4 ene (EFE).- El equipo de cinco investigadores de Scotland Yard, que llegó hoy a Islamabad, se enfrenta al reto de esclarecer las circunstancias del asesinato de la ex primera ministra Benazir Bhutto, que cada vez es objeto de más teorías y controversias.

El presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, ordenó hoy a sus colaboradores próximos ofrecer la "máxima cooperación" al grupo de Scotland Yard, e instó al Gobierno a "completar" la investigación con una comisión que evalúe los daños materiales desde el atentado del pasado 27 de diciembre.
El equipo mantuvo hoy ya una primera reunión con representantes del Ministerio paquistaní de Interior.
Aún no se sabe cómo llevarán a cabo la investigación y cuántos días emplearán en ello, según una fuente de la legación diplomática británica en Islamabad citada por el canal privado "Dawn".
La muerte de Bhutto, que motivó el aplazamiento de los comicios legislativos del próximo martes hasta el próximo 18 de febrero, empujó hoy a la Unión Europea (UE) a ampliar su misión en Pakistán para supervisar las elecciones.
El jefe de la misión de observación, el alemán Michael Gahler, explicó que su grupo, que ahora tendrá 50 miembros, analizará el "proceso" electoral, aunque no el "resultado" de los comicios, y asumió la situación "volátil" del país tras la muerte de Bhutto.
Pese a que Musharraf ha terminado aceptando la ayuda extranjera en la investigación del atentado contra Bhutto, en Pakistán siguen apareciendo vídeos de aquel día que contribuyen a la circulación de teorías sobre lo ocurrido.
Según recoge hoy el rotativo "The News", un nuevo vídeo muestra a un ayudante de Bhutto, Khalid Shahinshah, pasándose el dedo índice por el cuello mientras la ex primera ministra intervenía en su último mitin en Rawalpindi, cerca de Islamabad.
Una fuente del Partido Popular de Pakistán (PPP) de Bhutto, citada por el diario, asegura que el ayudante fue el primero en meterse en el vehículo blindado de la ex primera ministra antes del atentado.
Shahinshah no acudió al funeral de Bhutto y desapareció tras alegar que su madre había muerto, según la misma fuente.
Esta grabación se une al vídeo emitido días atrás que muestra a un hombre con gafas de sol que dispara contra Bhutto, mientras que cerca de él aparece otro con la cabeza cubierta por un pañuelo de mujer, que podría ser el terrorista suicida.
En una tercera grabación, momentos antes del atentado, la ex primera ministra saluda a sus correligionarios desde la puerta del coche blindado y se seca el sudor de la cara con un pañuelo.
A la espera de que concluya la investigación de Scotland Yard, la versión gubernamental es que Bhutto murió por las heridas causadas al golpearse con la palanca del techo solar del vehículo en el que se trasladaba.
Musharraf ha recibido críticas del PPP porque la zona donde se produjo el atentado fue limpiada con mangueras, algo que el presidente atribuyó a la "ineficiencia" y no a un intento de ocultar pruebas del asesinato.
"El Gobierno permitió esta situación. Musharraf está, de alguna manera, detrás de este ataque. Además, el asesinato tuvo lugar en Rawalpindi", explicó a Efe un líder del PPP de la provincia de Punjab.
Rawalpindi es la ciudad donde se aloja el cuartel general de las Fuerzas Armadas, un hecho que refuerza la teoría del PPP de que los servicios secretos paquistaníes están detrás del atentado, algo que Musharraf ya se ha apresurado a negar para apuntar como culpables a los líderes radicales paquistaníes Fazlullah y Baitullah Mehsud.
En caso de que Scotland Yard quiera exhumar el cadáver de Bhutto para practicarle una autopsia y salir de dudas, tendrá que enfrentarse al viudo de la ex primera ministra, Asif Ali Zardari, que ya se ha mostrado contrario a esta posibilidad y que reclama una investigación de la ONU.
Mientras, la Liga Musulmana de Pakistán-N (PML-N) del ex primer ministro Nawaz Sharif achaca el ataque a la "falta de seguridad" que ofrece el Gobierno a los candidatos paquistaníes.
"Ella escribió lo que pensaba, su alegación está ahí... Pero yo no sé quién está detrás del ataque. En todo caso, es responsabilidad de Musharraf, que tampoco ofrece seguridad a Sharif", dijo a Efe un portavoz del PML-N, Ahsan Iqbal.

domingo, diciembre 30, 2007

Delhi

Estoy en Delhi. Viaje fallido. Próximo intento: 3 de enero.

sábado, diciembre 29, 2007

Pakistan

Estoy en Bombay, a la espera de un vuelo que me lleve manana a Karachi, tierra natal de Bhutto.

viernes, diciembre 28, 2007

Bhutto

Ella no quería entrar en política. Lo hizo porque su padre, Zulfikar Ali Bhutto, tras ser derrocado como primer ministro, fue ejecutado por el régimen de Zia-ul-Haq en 1979. También dos de sus hermanos, como ella, fueron asesinados. Historia trágica, sí: pero no más que la de los Gandhi en la India.

Con tan sólo 35 años, se convirtió en la primera jefa de Gobierno de un país islámico. Dos veces estuvo en el poder, y dos veces no pudo acabar su legislatura. Pesaban sobre ella casos de corrupción. Se exilió -o, mejor dicho, huyó de la Justicia- y volvió a Pakistán en octubre de este año. La intentaron matar, entonces. Y ayer, finalmente, la asesinaron: fue a saludar a las multitudes desde su coche y le dispararon en la cabeza y el cuello. Y, después, su asesino se inmoló.

Benazir es la bandera de la democracia para los medios de comunicación occidentales. Aunque desde la muerte de su padre no haya celebrado elecciones en su partido. Aunque no haya conseguido articular una oposición liberal sólida que dé guerra a los militares y los islamistas. Aunque haya negociado una y otra vez con Musharraf.

Era la vedette de Pakistán.

Bhutto y Musharraf son el espejo de Pakistán, donde los liberales no son suficientemente liberales y los dictadores no son suficientemente dictadores. A lo mejor el problema del país no es su condición musulmana (análisis esencialista), sino su origen y desarrollo: nació a la sombra de la India en el parto más doloroso del siglo XX, perdió la mitad de su población cuando Bangladesh se independizó en 1971, y se unieron en sus fronteras musulmanes que tenían poco que ver entre ellos: la clase alta provinente del norte de la India, cuyos antepasados habían vivido el Imperio mogol, las tribus de la Provincia de la Frontera del Noroeste (terreno talibán), y la clase obrera punjabi.

Pakistán nació como un hogar para musulmanes y, golpe tras golpe militar, se ha ido convertiendo en fortaleza resquebrajada islámica.

Pero saldrá adelante.

Perdón por este escrito apresurado. No hay mucho tiempo.