escalera: Crónicas
Mostrando entradas con la etiqueta Crónicas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Crónicas. Mostrar todas las entradas

miércoles, abril 23, 2008

Cometas

Y no me pude resistir. Entré en la librería madrileña -cuánto más bonitas son las de Barcelona- y compré una pequeña edición de Siruela: La idea de Europa, de George Steiner. Era una vieja referencia, un libro sobre el que teníamos previsto pasar si se daba la oportunidad. Pagué los excesivos diez euros por la miniatura cultural y me la metí en el bolsillo de la americana de pana, recipiente donde recorrió toda la capital española, Moscú y los aires hasta posarse en suelo indio. Y recordé las salidas nocturnas en recepción de alguna mujer, cuando era más bien extravagante llevar peso y me metía un libro de Montale en el bolsillo como ahora guardaba el de Steiner, cuando pensé por primera vez que esto sólo lo podía hacer un europeo: a lo mejor un americano o un japonés se atrevían, pero no es el guardar las letras: es el cariño del intelecto, el acunar el conocimiento; la plena conciencia de llevar en la chaqueta el mundo y sus ramificaciones, en las que uno se imagina dispuesto a la observación y la excavación.

Dice Steiner que Europa tiene cuatro cosas -por decir algunas- que la caracterizan: el café; la geografía caminable y dominada por el hombre; la mirada al pasado -cristalizada en las calles europeas, repletas de nombres de los hacedores de nuestra historia, lápidas que nos pesan-, y la herencia racional de Atenas en mezcla con la irradiación de fe de Jerusalén. Del desarrollo discursivo de estas características, me quedo con una frase: "En América, la gente no va a los bares a escribir tratados de fenomenología".

Algunas de sus ideas son incompletas y otras nacen de un juicio -histórico y moral- del que se puede discrepar. Énfasis demasiado aéreo en la influencia judía en Europa, sobrestimada, por otro lado, por el resto de la intelligentsia occidental. Es por algo que el brazo europeo en Estados Unidos parecen los judíos americanos, artífices de la creación desinteresada.

Steiner opina que Europa se suicidó con el Holocausto: ahora se trata de preservar nuestras artes e historias con un mínimo de dignidad. Nosotros creemos que Europa tiene que ponerse los anteojos y dejar de situar sus raíces solamente en la Antigüedad grecorromana, por decir un ejemplo: bienvenida sea a nuestra savia el genio romántico alemán y la Ilustración desligadas ya de su eterno nudo con Grecia, y sobre todo el brinco lírico de los países mediterráneos. Quedan una y otra vez subsumidas en la tradición alemana y francesa -bastiones del poder, todavía- la literatura española y la portuguesa, por poner un ejemplo: lanzas que han llegado donde Shakespeare sólo veía nubarrones.

Europa debe mirar al sur y al este. Incorporar a las literaturas eslavas, las únicas que nos están haciendo salvar la cara en este bochornoso comenzar del siglo XXI, a su tronco intelectual: no a las ramas del árbol sino al propio centro natural.

Eso sí: estamos absolutamente de acuerdo con Steiner en que la vida "no examinada" no merece la pena ser vivida. O, al menos, que la voluntad de excavación intelectual eleva la vida, la hace cualitativamente mejor. A esto no tenemos previsto renunciar, pese al utilitarismo reinante.

Quedan algunas ideas tímidas apuntadas, apenas una brisa de la seguridad de estar en lo cierto cuando uno baja la Plaça del Diamant pensando en nuestras guerras y libros, en la obsesión por la recuperación del pasado, en el café de los cuatro gatos, en las luchas anarquistas contra la Iglesia y, sobre todo, en todas las manos de escritores agitándose como cometas en el aire, buscando su espacio para estampar la literatura en el cielo.

martes, abril 15, 2008

Una semana en España

Voy en giro por la Barcelona vieja, estanque de plátanos grises entre la montaña y el mar. Me acompaña Fran en este deslizamiento soñoliento y ordenado, destartalado, como la Europa mía. El único propósito de este día de Sol suave, que permite una tranquila alternación de vestimentas livianas, es encontrar traducciones a lenguas romances de Robindronat Tagor. Miro en los ojos de mi amigo y me pregunto por qué se lo está pasando bien ante una tarea que a un veterinario quizá resulte aburrida y excéntrica.

Encontramos casi todas las librerías de viejo en Diputació, calle paralela a Consell de Cent, donde Garmor ya se ha sumergido en su trabajo en El País, en cuya sede catalana yo también trabajé, cuyas calles que la circundan hemos marcado con noches de fiesta, paseos en busca de restaurantes japoneses a las dos del mediodía, puntos de encuentro intelectual y descanso físico para volver a nuestras obligaciones laborales.

Entramos en una librería. ¿Tenéis libros de Tagor? Lo miran en la base de datos, algo impensable en la indomable India, y me sacan primeras ediciones de las traducciones de Zenobia y Juan Ramón, primeras ediciones de las traducciones en catalán a cargo de Ventura Gassol y Josep Carner i Ribalta. También conseguiría, al final, una primera edición de la traducción francesa de Gitanjali, cuidada por el escritor francés André Gide. El hallazgo de estas delicias me embarca en una insondable melancolía de mi cultura: de un continente, Europa, marcado para siempre por su deslumbrante pasado, cuya misión más importante es preservar su legado cultural y evitar el suicidio intelectual en marcha.

Me llena de joyas saber que Fran me acompañará donde yo quiera, que este día es mío, que quiere escuchar todas mis historias indias, mis amores inflamados, mis manías insoportables. El Sol se cae y de nuevo me reúno con Fran tras la cena. Vienen Betis, Jorge y Santo en el canijo, el coche uruguayo, para desde El Prat volar en máquina hacia el mar de la Barceloneta. Allí se nos une Garmor, que viene del otro lado del cinturón rojo -¡qué convergencia la nuestra, qué lanzamiento prometedor hacia el futuro desde nuestra posición humilde, excéntrica!- y las bromas y risas se suceden sin descanso, de modo que cuando una ha pasado a mejor vida, la otra la barre y la hace crecer, como las olas del mar que baten a nuestras espaldas.

Pocos días más tarde llego a la Granada mora, ciudad de inefable fuerza telúrica, fogonazo amarillo del tiempo. Visito durante dos días a mi abuela, que ha llenado la nevera de víveres y ha preparado cuatro platos de arroz con leche: tardaría como poco una semana en terminármelo todo. Y al despedirme: "Un día, otro día, una noche, otra noche. Siempre sola. Ay, dios mío. Yo le rezo siempre a San Antonio para que te cuide. Tú descansa, que estás muy delgado, tienes que estar en casa, en tu casa y descansar, comer, descansar y comer. Y un día y otro y otro y siempre sola, sin nadie que me quiera ver. No, no dejes la llave por fuera; cógela y cuélgala ahí, cierra con fuerza. Hoy ya no vendrá nadie más".

Mis primos me sacan en coche del pueblo de nuevo hacia la capital de Granada, bordeando el litoral mediterráneo, como siempre. Nuestra actitud intelectual ha sido siempre una línea sinuosa mordiente con el mar, tangente y paralela, bailaora. Pienso en la tristeza de mi abuela, en la soledad y la nostalgia, y me pongo en la cabeza que la costa del Sol está muy cerca.

Cuando, tras las tapas y la observación de la vida andaluza, llego en tren a Madrid, el cielo se ha enmarañado. Miro el poderío continental de la capital, las banderas españolas altas y me digo que Barcelona me gusta más, pero Madrid también, ya está marcada: la sede de la Agencia Efe en Espronceda, los paseos por Sol buscando un póster de Joaquín Sabina para mi amigo indio, los descabalgos nocturnos con mis viejos amigos de Santander... España está signada con recuerdos deseados y deseantes, sembrada con mojones de agitación interior.

Todos me ayudan: me llevan en coche, me ofrecen alojamiento, me sacan de compras; soportan mi inquietante tranquilidad. El avión sale a Moscú, donde espero el último vuelo fumándome lo último que me queda de Madrid: un puro. Las desvencijadas alas del Tupolev ya están listas para el despegue hacia la India, tierra de la representación mito-práctica, del desconcierto templado. Al pisar el suelo de Delhi, repaso la cartografía europea, domesticada para nuestros paseos, para poder recorrerla a pie, y me cargo de nueva energía para escalar el indomable sur de Asia, que se me ofrece en forma de una Amazona de cabellos largos, soñolienta, que me hace el amor para recordarme que mi sitio no está en la India o España, sino en el centro de la experiencia fenoménica.

martes, marzo 18, 2008

Un día en la India

Ayer tenía el día libre y se lo dediqué a Delhi, que como ya he dicho alguna vez, es aquella mujer herida y fascinante, abandonada, que no te llamó la atención por primera vez pero que cada vez que te penetra con sus lanzas de madera muestra su vida violenta, su deseo de ser amada, imposible de obviar: no se puede no amar a Delhi. Inadvertidamente, uno pasa de discurrir sobre si acaso puede considerar a Delhi una conocida a aparecer en su regazo de árboles sollozando deseos.

Me levanto y desayuno en la terraza: té con leche, fruta y tostadas. Suenan de fondo canciones de Mina. Repaso algo de italiano. Lo entiendo. Vuelvo a mis apuntes de bengalí. No entiendo nada. Reescribo el inicio del capítulo tres de mi novela. Llamo a todas las librerías de viejo de Delhi como un loco: quiero encontrar dos libros fundamentales: 'India and the Romantic Imagination' e 'India and Europe'. Hermenéutica. No los tienen en ninguna tienda y decido ir a la Sahitya Akademi, la Real Academia de aquí, si quieren ustedes.

Ya había estado antes; me había pasado mañanas enteras leyendo los Upanishad y líneas mínimas de Tagor. Subo a la planta de arriba, donde hay una tienda que ofrece descuentos excepcionales. Me compro el cuarto volumen de las obras en inglés de Tagor, la poesía completa de Kalidasa y un libro de historia de la literatura india que me habían recomendado (tres volúmenes). Veo un diccionario de bengalí: dos edificios de letras grandiosos. Y le digo, en hindi, al dependiente: "Maisán, ahora no puedo llevarme esto. Pero en un año hablará bien bengalí y me lo compraré".

Mientras bajo las escaleras también desciende mi convencimiento de que conseguiré aprender el catalán de la India. Entro en la biblioteca. Todo Tagor, en bengalí, son veinticinco volúmenes que ocupan varias estanterías. Toco los libros; son viejos y polvorientos. Apenas alcanzo a leer en alguno de ellos la palabra 'poesía' en bengalí. Encuentro los hilos hermenéuticos de los que quería tirar por la mañana, los dejo apartados para llevármelos a casa (¿y si los robo?) y encuentro algún ensayo interesante sobre Tagor, la modernidad y Europa.

Estaba leyendo uno de ellos y apagaron las luces. Me imaginé con ella en esa esquina de la biblioteca, al resguardo, al sentir del flujo destructivo de la atracción, cruzando nuestros peces y pájaros.

¡Maisán! ¿Por qué me cierras? Salgo. Espero a mi amigo indio, Manoj, que ha salido ya de trabajar de la embajada chilena. Manoj me hace todos los caprichos. Todos. Se mete con el coche en el complejo donde está la Academia (Rabindra Bhavan). No está permitido, pero él le dijo al guardián que su amigo era una persona muy importante. Me subo con él. Dejo la moto, con la que había venido en ascender de cielos y primavera de heridas, en un párking adyacente.

Vamos a Connaught Place, el centro financiero de Delhi, donde la ya descrita convivencia entre la globalización y el carácter indio se entreveran. Me quiero comprar la PlayStation. Nunca he querido una, pero últimamente me lo paso muy bien jugando con mis amigos; y quiero que cuando Garmor, Fran, Cabesita, Tigre o George vengan la disfruten conmigo. Me compro una nueva, ensamblada en China: regateamos fuerte, como dice Manoj. Conseguimos el Pro Evolution 8, una memory card, dos mandos y un multitab por un precio bastante razonable.

Salimos de Palika Bazar y damos la vuelta a Connaught Place. Fumamos, esperamos a Godot. Volvemos al coche, que está en uno de los pocos (¿el único?) párking subterráneo de Delhi, no sin antes discutir con el personal, como es costumbre. Llegamos a Pahar Ganj, un mercado para hippies y turistas atestado de bici-rickshaws, vacas y comercios. Es una locura entrar dentro con el coche: lo hacemos. Recogemos a Dimitri y su novia y aparcamos al final de la calle (?!). Cenamos ternera, por fin, en una terraza, y hablamos, como siempre, de lo que nos une: la India y el trabajo.

Ya es tarde pero el día de Manoj y Morgar no quiere acabar. Llevo un curta bengalí. Me cambio de ropa en el coche de Manoj: me pongo unos dockers y una camisa que me había comprado en Connaught Place después de la Play (¿cuánto dinero gasté ayer?). El plan es que Manoj me acerque hasta la Sahitya Akademi para coger la moto. Pero llegamos y no está. Me vuelvo loco, no soporto el pensamiento de haber perdido esa vespa desvencijada, espacio mío de felicidad y amor inexplicable.

Preguntamos a los policías del párking; no saben nada. Nos vamos a la comisaría más cercana. Hay muchos vehículos aparcados. Superviso la zona y mi alma con motor no está ahí. Un policía de la comisaría se enfada conmigo por meter tanto las narices. Le enjabonamos un poco. ¿Dónde está la moto? No nos hacen caso, nos dan evasivas: al final el comisario llama a un 'amigo', que asegura tener la voladora Kinetic. Otro agente me coge el tíquet del párking y me dice: "No lo pierdas, esto es la prueba de que la moto es tuya". Y me empieza a preguntar cosas personales. "Venga, tío, que me voy a por mi moto, trae", le digo, en español, claro.

Nos han dado el móvil de un agente. Todo se desarrolla en hindi, en otro universo lingüístico que, sin duda, reelabora la realidad. Llama Manoj. Le dice el poli que está en una calle no muy lejana, que vayamos a buscarlo. Lo encontramos. Paramos el coche en el medio de la carretera. Habla Manoj con él (déjame a mí, no te preocupes, tío). Me equivocaba yo si quería decirle: el párking no especifica las horas que puede estar un vehículo ahí, no sé si es por eso por lo que habéis retirado la moto. Manoj le dice que trabaja en la embajada chilena, que yo soy su hermano español, que trabajamos los dos en el mismo barrio (todo esto sí puedo seguirlo), que yo soy periodista.

Nos mira el agente. Parece que imagina todo lo que Manoj y yo hemos vivido juntos, que ya es mucho. Sonríe. Me dice que si hablo hindi. Y le digo lo mismo que al dependiente: "De aquí a un año, hablaré hindi craquelado, pero ahora no mucho". Sonríe. ¿Nos la vas a dar? Gira la cabeza. ¡Qué cabrón, quiere dinero!, le dije a Manoj. Sí, sí, me dice. Comenta dos banalidades. Y le dice al agente que le acompañaba -un mandao- que nos acompañe hasta el lugar donde está aparcada la moto.

Maisán se sube al coche con un palo que no tiene nada de ninja. No, no, tú detrás: Morgar va delante de copiloto. Creo que esta escena fue la mejor del día. El policía sentado detrás con mi PlayStation al lado. Veo otra vez mi moto y estallo de alegría. Abrazo a Manoj y le digo que es el mejor, pero vamos, vamos, que no llegamos a la fiesta.

Mientras conducimos por la noche templada, pienso en mi hermana, que me había recitado por teléfono un poema de Juan Ramón Jiménez de memoria, también en mis padres y seres queridos, y me digo que dónde está mi generosidad. Siento remordimientos: quiero dejar atrás mi carácter frío y hacerles todos los regalos del mundo, entre ellos, mi afecto directo y sin desviaciones intelectuales.

Y no recuerdo unos ojos grandes, sino la oscuridad de su contorno. Esta extensión de tierra orbital es lo que yo siempre he considerado el espacio de la literatura.

lunes, febrero 11, 2008

Los cocos indios del sur

LAS AGUAS INTERIORES DE KERALA, PLAGADAS DE ARROZALES / AMP

Ya explicamos algunas diferencias y analogías entre el cinturón norteño del hindi y Bengala. Hagamos ahora una tímida exploración en la India meridional, tierra de mar y comunismo.

No hay consenso sobre el origen de la cultura dravídica, propia del sur del país. Aislada del resto del subcontinente y ajena a los trajines septentrionales y a la invasión musulmana, el influjo exterior a esta zona del mundo llegó con los franceses y los portugueses, que desembarcaron en sus playas con el mismo ánimo colonialista con el que nosotros fuimos a otros lares. Lo que pagaría yo ahora por ver una iglesia española en la India.

Los estados del sur no sufren tantas desigualdades sociales como el áspero norte y tienen tasas de alfabetización que en algunos casos superan el 90 por ciento. El comunismo ha cuajado en muchas de estas regiones, en especial en Kerala. Los Gobiernos funcionan algo mejor. Después del tsunami, por ejemplo, Tamil Nadu dio un ejemplo al mundo con su gestión de la tragedia.

Se saben diferentes, visten 'lungis' más distinguidos que contrastan con las abigarradas y coloridas vestimentas de, pongamos, Rajastán. Habita en ellos un ánimo más relajado y una relación especial con el mar.

La mayoría de bramanes (la casta más alta) se concentra en el norte de la India, lo cual hace que inevitablemente en el sur el sistema de castas no sea tan visible. Pero es la India: incluso en las iglesias católicas los sacerdotes tienden a ser de casta alta y, los fieles más discriminados, intocables.

Humilde la sinagoga de Cochín, tierra explorada poéticamente por Octavio Paz y colonialmente por los buques portugueses. Nostálgicas sus baldosas chinas.

Pero es la India: te meterán un gol si pueden. El salitre, las palmeras y la atmósfera caribeña en gentes de habla del tronco dravídico -nada que ver con el sánscrito- no impide que la conciencia universal de la India se manifieste allí. Un incesante flujo coherente de acción secreta y general. Nada místico: todo mundano. O quizá todo propiamente místico. Concentración y alzar del espíritu.

Nosotros necesitamos dos guerras y millones de muertos para apostar por una unión supranacional entre países con una historia cercana y entreverada. Ellos, desde su independencia, apostaron por integrar todas sus civilizaciones en un proyecto común. Los expertos decían que la India desaparecería a causa de su diversidad. En efecto: no pasa un día sin que se manifiesten conflictos regionales en Cachemira o en el noreste de la India. Pero no hay una amenaza central contra el país, rodeado de fracasos políticos como Sri Lanka, Pakistán o Bangladesh.

Por mucho que la globalización golpee a la India, su tradición nunca será pasado, como en nuestro caso, sino futuro. Esto me maravilla y me preocupa. Los indios son terribles.

























IGLESIA DEL 'SACRE COEUR' EN LA CIUDAD LITORAL DE PONDICHERRY / AMP

lunes, enero 21, 2008

Pakistán y la India: analogía y diferencia

Imaginen una Europa anárquica, sin Estados todavía, gobernada laxamente por un imperio asiático frío y calculador. Imaginen que esta Europa, siempre tan diversa en gentes y lenguas, pero con un cogollo cultural común, lo es también en religiones profesadas. Tras un siglo de dominación, el Imperio de Oriente -que sería chino-, sale con el rabo entre las piernas cuando lleva decenios alentando la partición de Europa en moros y cristianos, algo que tan sólo se han creído sus clases dirigentes, mientras el pueblo sigue recogiendo la viña y plantando olivares. Se divide el continente y los chinos siguen hablando de la gran rivalidad entre Eurabia y la Europa cristiana. Que ya es una realidad.

Pakistán, el país de la bomba islámica, nació en 1947 de la voluntad de un manojo de abogados liberales, concretados en la figura del atormentado Ali Jinnah. Vio la luz en dos territorios sin frontera, separados por el que todos creían que iba a ser su gran aliado y se convirtió en su sempiterno enemigo: la India. Musulmanes bengalíes en Pakistán Oriental; patanes, punjabíes, sindis y baluchis en Pakistán Occidental. Terratenientes, comerciantes, clase obrera, pastunes conectados con Afganistán. Sangrante nacimiento, muerte de su líder, golpes militares, asedio de la India. Perder todas las guerras. Y perder Bangladesh: más de la mitad de su población.

Lo que es extraño es que este resentimiento no haya desembocado en un abrazo tembloroso al Islam. Tampoco ha sido mejor solución el Ejército. Y ché. Se nota el influjo del sufismo, especialmente en Punjab, que da una elasticidad mágica a la región. Siempre estará, para empañarlo, la salvaje frontera con Afganistán -donde se esconde Bin Laden-, plataforma usada por EEUU y el ISI para crear el monstruo de la insurgencia talibán contra los soviéticos.

Entremos por la gigante puerta de la India, país que tiene un Ejército alejado de la política y más grupos terroristas en su seno que Pakistán. Pasemos por el norte del país, recogiendo las flores del hindi, lengua hirsuta y pegada al sánscrito, flecha de acero en la que las palabras 'gracias' y 'de nada' están desterradas. Penetremos, por Punjab, hacia el vecino islámico, en la maravillosa Lahore. El urdu sustituye al devanagari con su propio alfabeto, de reminiscencias árabes. Coloquemos bien la oreja y escuchemos la melancolía de un idioma con casi idéntica gramática. El hindi es ese español que va ganando en nostalgia hasta llegar al Atlántico y convertirse en portugués-urdu, canto triste y bello. La saudade paquistaní se adivina también en la amabilidad de las gentes, más quedas, no tan tumultuosas como las indias. Algo, por otro lado, que no se antoja muy difícil.

Si la India disfruta en sus entrañas de la geometría islámica -Taj Mahal- y de los abigarrados templos hindúes, que forman una trama desigual, de sostenida divergencia, en Pakistán toma protagonismo un cierto ordenamiento de la vida, que no ha penetrado en su tejido político. Hay carreteras homologables a las europeas, algo impensable en la India: hay una voluntad de ser musulmán, pero el carácter surasiático siembra señales de que, en todo el subcontinente, nos encontramos ante la misma civilización.

Una civilización con una relación directa con la vida, en un infinito presente continuo, ilusionada y fallida, plantada en el centro de la Historia: inconsciente de su devenir, vago, luminoso; cuerpo lleno de heridas propias y ajenas que no acierta a taparse, cadáver lleno de vida lanzado hacia la flecha de Dios. No el celo: la copla; no la disciplina: el quehacer. Encaje imposible de un puzzle que un día fue posible. Pero no les importa. Ellos viven. Nosotros nos lamentamos.

Me parece la suya una existencia salvaje, desbocada, intestinal.

Monstruoso llorar, también, el europeo. El nuestro. Quejarse desde la cabeza: atalaya de la cultura.

domingo, enero 06, 2008

El Ejército de Pakistán lanza una ofensiva militar en el valle norteño de Swat

Agus Morales

Islamabad, 6 ene (EFE).- El Ejército de Pakistán lanzó hoy una "gran ofensiva" sobre el valle norteño de Swat, bastión del líder integrista islámico Fazlullah, uno de los señalados por el Gobierno como posible responsable del asesinato de Benazir Bhutto.


"Los insurgentes en la zona están aterrorizando a los civiles", aseguró al canal privado "Dawn TV" el portavoz del Ejército, Waheed Arshad.

La "gran operación" cuenta con el "apoyo" de los lugareños, según Arshad, quien no pudo precisar el número de muertos que había habido hasta ahora.

"Hay pequeños refugios de insurgentes y queremos sitiarlos. La operación aún está en marcha", indicó.

Según un comunicado colgado en la página web de los servicios secretos paquistaníes, las fuerzas de seguridad han lanzado una ofensiva sobre las regiones de Shaur, Chuprial, Wanai y Namal, todas ellas en el montañoso valle de Swat.

Los militares tienen como objetivo a Fazlullah, conocido como "maulana FM" por sus mensajes radiofónicos en los que insta a los lugareños a que empuñen las armas contra el Ejército, que según el portavoz de las Fuerzas Armadas se esconde junto a 300 hombres.

El líder islamista, supuestamente ligado a la insurgencia talibán y a la red terrorista Al Qaeda, fue señalado junto al líder yihadista Baitullah Mehsud, que opera en la región tribal de Waziristán del Sur, como posible responsable del asesinato de Bhutto.

El Ejército asegura que el "maulana FM" se esconde junto a 300 hombres, aunque una fuente oficial señaló cuando las tropas emprendieron su primera ofensiva en Swat, el pasado mes de octubre, que el líder islamista contaba con el apoyo de unos 4.000 lugareños.

"Aquí hay mucho Ejército. Pero Fazlullah no está aquí, está en otra zona del valle, en Pahar. Tener aquí a las tropas es un gran problema", explicó a Efe por teléfono el gerente de un hotel del distrito de Mingora.

Según la agencia estatal APP, las fuerzas de seguridad arrestaron ayer a Abdur Rehman, un próximo colaborador del "maulana FM", al cual están interrogando.

Ante una posible intervención del Ejército estadounidense en la frontera afgano-paquistaní, Waheed señaló que "Pakistán es dueña de su propia seguridad", y rechazó cualquier tipo de ayuda militar de Washington.

"Pakistán no necesita la ayuda de nadie", abundó el general.

La operación coincide con la dimisión del gobernador de la Provincia de la Frontera Noroeste (NWFP), Ali Mohammad Jan Aurakzai, aceptada ayer por el presidente del país, Pervez Musharraf.

Su renuncia podría deberse a que su gestión de la situación en la provincia, donde se encuentra Swat, no era del agrado del Gobierno paquistaní, según una fuente cercana al ex gobernador citada por la prensa local.

Aunque este valle, que visitaban muchos turistas, se encuentra fuera de las conflictivas áreas tribales fronterizas con Afganistán, desde finales de año se ha convertido en uno de los mayores focos de integrismo del país que el Ejército no ha conseguido apagar.

El Gobierno paquistaní apunta a Fazlullah y Mehsud como cerebros del atentado que acabó con la vida de Bhutto el pasado 27 de diciembre, aunque ha encargado la investigación a un equipo antiterrorista de Scotland Yard.

El presidente de EEUU, George W. Bush, echó un capote a Musharraf al señalar que el atentado tenía "todos los signos" de haber sido obra de Al Qaeda, mientras que el Partido Popular de Pakistán (PPP) de Bhutto sospecha que los servicios secretos están detrás del asesinato.

Los comicios legislativos paquistaníes, pospuestos tras la muerte de Bhutto, se celebrarán el próximo 18 de febrero.

La Comisión Electoral anunció hoy que enviará las listas con los 80 millones de paquistaníes llamados a las urnas a una empresa informática canadiense para guardarlas en un "sistema seguro" y evitar así la actividades de los "hackers".

sábado, enero 05, 2008

Baja la intensidad informativa

Scotland Yard inspecciona el lugar del asesinato de Bhutto entre promesas del Gobierno de no interferir en la investigación

Agus Morales

Rawalpindi (Pakistán), 5 ene (EFE).- El equipo de Scotland Yard inspeccionó hoy por primera vez el lugar donde Benazir Bhutto fue asesinada para reconstruir la secuencia de los hechos, en una investigación a la que el Gobierno paquistaní ha prometido no poner trabas.

Los cinco expertos antiterroristas británicos visitaron el parque de Liaqat Bath, en Rawalpindi, ciudad cercana a Islamabad, informó a Efe una fuente policial.

Scotland Yard inspeccionó durante dos horas el terreno, que fue limpiado con mangueras tras la muerte de Bhutto y que hasta hoy se podía visitar libremente.

Los expertos intercambiaron puntos de vista con jefes policiales de la provincia oriental de Punjab e intentaron reconstruir la secuencia de los hechos, según una fuente policial citada por el canal privado de televisión "Dawn".

También visitaron una comisaría de Rawalpindi para sacar fotografías del vehículo blindado de la ex primera ministra, aseguró una fuente de la Policía a la cadena "Geo TV".

El parque de Liaqat Bath fue acordonado por un laxo cordón policial, mientras los curiosos intentaban asomarse a la zona y recibían las reprimendas de los agentes.

"Llegan tarde para investigar la muerte de Bhutto", dijo un lugareño que discutía con los agentes.

El Gobierno de Pakistán prometió que no intentará "influir" en las pesquisas de Scotland Yard y que no someterá a ningún tipo de presión a los investigadores británicos, según una fuente del Ministerio de Interior citada por "Dawn".

El grupo antiterrorista aterrizó ayer en Islamabad y se reunió con cuatro investigadores paquistaníes y tres miembros de la legación diplomática británica en Pakistán para analizar la situación.

Los británicos, que por el momento han rehusado hacer declaraciones a la prensa, se enfrentan a la difícil labor de esclarecer el asesinato, ya que la familia de la asesinada líder del Partido Popular de Pakistán (PPP) se opone a que su cadáver sea exhumado.

La secretaria de Información del PPP, Sherry Rehman, citada hoy por el rotativo "The News", aseguró que su formación colaborará con Scotland Yard, aunque insistió en pedir una investigación de la ONU.

Mientras, el Gobierno decidió declarar "sensibles" a la violencia 36 localidades de las cuatro provincias del país durante el mes sagrado del Muharram, que empezará entre el jueves y el viernes.

El Ejército y las fuerzas paramilitares estarán en estado de alerta para "ayudar" a las autoridades civiles, según una fuente de Interior citada por "Dawn".

Será tras el mes del Muharram, el próximo 18 de febrero, cuando se celebren las elecciones legislativas paquistaníes, pospuestas por el presidente del país, Pervez Musharraf, tras el asesinato de Bhutto.

Musharraf nombró como nuevos miembros de la Comisión Electoral al magistrado Dastagir Shahani, del Tribunal Superior de la provincia de Sindh (sur), y al juez Jehanzeb Rahim, del Tribunal Superior de Peshawar (capital de la Provincia de la Frontera del Noroeste).

Además, la misión de la Unión Europea en Pakistán, que cuenta ahora con 50 miembros, se reunió con el presidente de la Comisión Electoral, Qazi Muhammad Farooq, quien prometió a los observadores "unas elecciones libres y transparentes", según una fuente del organismo citada por "Dawn".

viernes, enero 04, 2008

Scotland Yard se enfrenta al reto de esclarecer la muerte de Bhutto



Agus Morales

Islamabad, 4 ene (EFE).- El equipo de cinco investigadores de Scotland Yard, que llegó hoy a Islamabad, se enfrenta al reto de esclarecer las circunstancias del asesinato de la ex primera ministra Benazir Bhutto, que cada vez es objeto de más teorías y controversias.

El presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, ordenó hoy a sus colaboradores próximos ofrecer la "máxima cooperación" al grupo de Scotland Yard, e instó al Gobierno a "completar" la investigación con una comisión que evalúe los daños materiales desde el atentado del pasado 27 de diciembre.
El equipo mantuvo hoy ya una primera reunión con representantes del Ministerio paquistaní de Interior.
Aún no se sabe cómo llevarán a cabo la investigación y cuántos días emplearán en ello, según una fuente de la legación diplomática británica en Islamabad citada por el canal privado "Dawn".
La muerte de Bhutto, que motivó el aplazamiento de los comicios legislativos del próximo martes hasta el próximo 18 de febrero, empujó hoy a la Unión Europea (UE) a ampliar su misión en Pakistán para supervisar las elecciones.
El jefe de la misión de observación, el alemán Michael Gahler, explicó que su grupo, que ahora tendrá 50 miembros, analizará el "proceso" electoral, aunque no el "resultado" de los comicios, y asumió la situación "volátil" del país tras la muerte de Bhutto.
Pese a que Musharraf ha terminado aceptando la ayuda extranjera en la investigación del atentado contra Bhutto, en Pakistán siguen apareciendo vídeos de aquel día que contribuyen a la circulación de teorías sobre lo ocurrido.
Según recoge hoy el rotativo "The News", un nuevo vídeo muestra a un ayudante de Bhutto, Khalid Shahinshah, pasándose el dedo índice por el cuello mientras la ex primera ministra intervenía en su último mitin en Rawalpindi, cerca de Islamabad.
Una fuente del Partido Popular de Pakistán (PPP) de Bhutto, citada por el diario, asegura que el ayudante fue el primero en meterse en el vehículo blindado de la ex primera ministra antes del atentado.
Shahinshah no acudió al funeral de Bhutto y desapareció tras alegar que su madre había muerto, según la misma fuente.
Esta grabación se une al vídeo emitido días atrás que muestra a un hombre con gafas de sol que dispara contra Bhutto, mientras que cerca de él aparece otro con la cabeza cubierta por un pañuelo de mujer, que podría ser el terrorista suicida.
En una tercera grabación, momentos antes del atentado, la ex primera ministra saluda a sus correligionarios desde la puerta del coche blindado y se seca el sudor de la cara con un pañuelo.
A la espera de que concluya la investigación de Scotland Yard, la versión gubernamental es que Bhutto murió por las heridas causadas al golpearse con la palanca del techo solar del vehículo en el que se trasladaba.
Musharraf ha recibido críticas del PPP porque la zona donde se produjo el atentado fue limpiada con mangueras, algo que el presidente atribuyó a la "ineficiencia" y no a un intento de ocultar pruebas del asesinato.
"El Gobierno permitió esta situación. Musharraf está, de alguna manera, detrás de este ataque. Además, el asesinato tuvo lugar en Rawalpindi", explicó a Efe un líder del PPP de la provincia de Punjab.
Rawalpindi es la ciudad donde se aloja el cuartel general de las Fuerzas Armadas, un hecho que refuerza la teoría del PPP de que los servicios secretos paquistaníes están detrás del atentado, algo que Musharraf ya se ha apresurado a negar para apuntar como culpables a los líderes radicales paquistaníes Fazlullah y Baitullah Mehsud.
En caso de que Scotland Yard quiera exhumar el cadáver de Bhutto para practicarle una autopsia y salir de dudas, tendrá que enfrentarse al viudo de la ex primera ministra, Asif Ali Zardari, que ya se ha mostrado contrario a esta posibilidad y que reclama una investigación de la ONU.
Mientras, la Liga Musulmana de Pakistán-N (PML-N) del ex primer ministro Nawaz Sharif achaca el ataque a la "falta de seguridad" que ofrece el Gobierno a los candidatos paquistaníes.
"Ella escribió lo que pensaba, su alegación está ahí... Pero yo no sé quién está detrás del ataque. En todo caso, es responsabilidad de Musharraf, que tampoco ofrece seguridad a Sharif", dijo a Efe un portavoz del PML-N, Ahsan Iqbal.

lunes, diciembre 17, 2007

La India: ilusión y nostalgia

DOS INDIOS EN UNA TERRAZA DE NISAMUDÍN, BARRIO DE DELHI

Pongamos a mis dos mejores amigos indios, Manoj Sharma (izquierda) y Subhro Bandyopadhyay (derecha) para contar algo de la India.

Manoj, sentado en la escalera de la terraza de Morgar, lleva una manta liada a modo de lungi, la prenda que siempre llevo para dormir, aérea y cómoda. Nació en Delhi un uno de enero, aunque sus padres son de Uttar Pradesh, la región más poblada de la India. Allí ha ganado las elecciones este año una líder intocable (dalit) que promete dar mucha guerra. Del estado limítrofe oriental, Bihar, nació el budismo y el hinduismo. Casi todo el norte del monstruo asiático, desde Punjab hasta Bihar, es el cinturón del hindi: la región dominada por hablantes de este idioma. También, con la excepción de Punjab, es el corazón de la India depauperada. Es aquí donde tienen lugar muchas de las atrocidades que leemos y escuchamos en los medios de comunicación.

Manoj pertenece a una familia de bramanes, la casta más alta, que a su vez está subdividida en otras miles. Todos se ayudan entre ellos: nunca podré olvidar cómo, tras meternos en un tren sin billetes, intentamos todas las tretas y sobornos posibles para convencer al revisor de que no nos multara de forma excesiva. Nada surtió efecto. Pero Manoj le preguntó su apellido -donde está signada la casta- y le dijo: "Yo soy Sharma. Somos bramanes". "No me tienes que decir nada más. Eres mi hermano". Y nos dejó ir. Los bramanes han llegado a constituir organizaciones solidarias de ayuda a sus iguales, cuyo brazo político en ocasiones es de extrema derecha. Conocer estas redes es fundamental para vislumbrar qué se cuece en los subterráneos de este país destartalado y misterioso.

Lo que nos ocupa aquí, sin embargo, es la importancia del personaje. Manoj, desde su arraigo hindú, ha emprendido una lucha admirable por la autonomía de la voluntad kantiana. Rechaza a las mujeres que su familia le quiere endosar como esposas y se ha emancipado. Ama a su familia, pero odia la imposición y la jerarquía, base filosófica de las barbaridades que se cometen en el cinturón hindi. Vamos: que hace lo que le da la gana, algo que, en su situación, no es nada fácil. Nacido en una familia humilde de bramanes, trabajó conduciendo autorickshaws durante años y en muchas otras ocupaciones. Hoy trabaja en la embajada de Chile en la India gracias a su dominio del español, que le ha abierto las puertas a otros mundos. Ama y repudia a su país: lo defiende con la espada y lo critica con cuchillo. La esperanza de la India, en especial de su tercio septentrional, es que una nueva leva de mujeres y hombres se alcen con valentía y roturen los campos para plantar la más preciosa semilla: la de la libertad y los derechos humanos.

Subhro, por su lado, nació en Calcuta. Es un intelectual de extrema izquierda, como buena parte de sus compatriotas bengalíes, muchos de ellos sumidos en la pobreza. Es una delicia, desde luego, ver cómo él y Manoj discuten sobre el estado de las cosas en el país. Hay un sustrato común, pero las diferencias se hacen notar. Los ingleses dibujaron en Bengala, situado en la costa oriental de la India, una de las flechas de libertad que empiezan en el mar para morir a medida que se adentran en el territorio. Otros vectores salen de Bombay, capital financiera de la India, y de Pondicherry y Tamil Nadu, en el sur del subcontinente. Otra dimensión.

En la India nunca ha habido una revolución. Pero sí un movimiento intelectual independiente y sólido: el Renacimiento bengalí. Decenas de escritores bengalíes, desde el siglo XIX, se lanzaron al repensamiento de la India tradicional desde el aliento británico. No lo inglés: lo occidental, la necesaria ósmosis con ideas extranjeras. Ram Mohan Roy, Vivekananda, Ramakrishna, Debendranat Tagor, Rabindranat Tagor -mi objeto de estudio-... todos ellos constituyeron la crema de la intelectualidad india. Y todos eran bengalíes. No pensemos que Mohandas Gandhi aportó nada nuevo, en el plano intelectual. Sólo en el espiritual. Hablaremos otro día de ello.

Sorprende que en una región con tantos genios, la de Bengala, haya tanta pobreza. No analicemos aquí ésta tan trillada y compleja consideración: señalemos que Bengala, al igual que la India, vivió una partición traumática, aunque mucho antes, a principios del siglo XX. Los ingleses, otra vez, tuvieron mucho que ver. Para mal.

Subhro fue quien permitió la publicación de mis poemas en lengua bengalí. Lenguaraz y despierto, conoce la literatura española y la occidental mucho mejor que gran parte de mis amigos españoles. La lengua que dibuja el cinturón del hindi culmina en la costa bengalí, donde las facciones de los indios se suavizan (puerta hacia la otra Asia), los mofletes se acolchan y el mediterráneo encuentra paralelos con su cultura. Es una de las puertas de la India a Occidente, además de las ya citadas anteriormente.

En Subhro -que también es bramán- no hay conciencia de casta: en Manoj sí, porque ésta ha determinado su vida en los buenos y malos aspectos. El bengalí, más fervientemente ateo, es sorprendentemente menos promiscuo que el delhí, un promiscuo y craquelador de mucho cuidado. Manoj sufre y lucha por cambiar la mentalidad de una tierra con un acervo cultural antiguo incomparable; Subhro se lamenta del declive de la civilización bengalí, de su saudade intelectual, y sueña con liderar una revuelta ideológica y lírica que devuelva a Bengala a su sitio. Vemos que nosotros, los europeos, estamos en la misma lucha que Subhro: en la de la crisis de la palabra y el marasmo intelectual, aunque sabemos que la letra está inscrita en nuestra piel. Lo de Manoj es otra cosa: la construcción de un nuevo proyecto, plagado de obstáculos, irrealizable, en una parte del mundo donde el tiempo no transcurre, es incambiable. Ilusión en Manoj; nostalgia en Subhro.

Y melancolía en Europa.

martes, diciembre 11, 2007

Lienzo, espacio: palabra, tiempo


MORGAR, DISERTANDO SOBRE SU LIENZO 'LA EXCESIVA ESCALERA' EN LA DESÉRTICA POBLACIÓN DE PUSHKAR. 21 NOV'07 / AMP


Dejemos de lado que el primer cuadro de Morgar es horrible. Detengámonos en su temática: es una traducción artística de uno de sus textos fundacionales, el relato-poema La excesiva escalera. Las tornas se cambian: si en el relato es una niña desesperada, encerrada en una galería gris circular, la que establece un diálogo con un niño que ve cómo los barcos cargan frutos y se adentran en el Mediterráneo, ahora es ella quien divisa la playa y él quien juega con la pelota en la sombra azul beckettiana.

Él se dirige hacia la cruz, hacia la muerte. Ella -observemos que su cara es la península Ibérica- observa el halo de los objetos que son y no son. Recordemos: ¿qué transportan los barcos? Naranjas sí naranjas sí. Manzanas no manzanas no. Y, sin embargo, la manzana -uno de los objetos mejor pintados del lienzo- es la única que aparece. Porque ella la desea.

En medio de la creación, la escalera. Como siempre.

Invitamos a los teóricos del arte, muy especialmente a Joan Pau, a analizar la simbología de esta obra, inmensa en su desplegar de signos y sentidos, flechas de carne que atraviesan el cielo indio para hundirse en las playas de Europa.

Mientras pintaba, con cuatro indios que me rodeaban y que alababan mi arte abstracto (sic), me di cuenta de las evidentes diferencias entre pintura y literatura. El arte está en cruel dependencia con el espacio: exige una gran tensión intelectual en los momentos álgidos. Mi lienzo no deja de ser una instantánea: no se mueve, aunque sugiera movimiento. En la escritura, en la que soy menos profano, todo es transcurrir, sucesión de imágenes, fulgor explicativo, rumor del río. Montaña y mar, pintura y poesía ocupan diferentes lugares, aunque por ellos pase el río de la creación.

Me aboca esto a una reflexión: la de si soy un animal temporal o espacial. Siempre he pensado que el espacio es moldeable, que se puede abolir con el movimiento y la acción, con la naturaleza transformadora del trabajo: talar un árbol, viajar en avión para ver a mis seres queridos, subir a la moto en busca del libro que quiero en la Vieja Delhi. Pero el tiempo, no. El tiempo, además de ser una creación humana -hecho que alimenta mi fantasía hacia él-, es inexorable, martillo del cuerpo, yunque que un día caerá sobre mí. Me madura y cambia los mundos: transcurre, en su trascendencia, como una grávida gota de sol del cielo a la tierra.

Miro mi lienzo. Me pregunto por qué he escogido la escritura. Primero, Morgar, porque el cuadro es horrible. (¡Aunque el tema de la obra te gusta!). Segundo, y más importante, porque escribir te parece algo muy difícil. Quizá erróneamente; seguramente hacer unos zapatos entraña más dificultad. Pero esto te parece imposible. Esto: disolver el lenguaje para volver a la exacta designación de las cosas, al primitivo reino sin palabras, que son las que hoy signan el mundo. Traición y lealtad: poesía trascendente. Y, como la primera vez que viste un balón, en el patio de la escuela, fue viable para ti hablar de él como si fuera la esfera del mundo, te lanzaste a la empresa imposible: al tiempo, a la literatura.

jueves, noviembre 01, 2007

Culto al retrete

La India homenajea al retrete con una feria para impulsar tecnologías higiénicas

Nueva Delhi, 31 oct (EFE).- La India acoge estos días una conferencia internacional sobre el váter para hallar respuestas ecológicas que beneficien a las 2.600 millones de personas en el mundo que no tienen acceso a lavabos salubres.

"Éste es un proyecto de baños comunitarios, con calefacción, agua tratada... Se usa el agua para todos los procesos. Es un ejemplo de total reutilización de los residuos", explica un portavoz de la ONG india Sulabh, mientras señala una maqueta.

Sulabh, una de las entidades organizadoras de la conferencia que se inauguró hoy y cierra sus puertas el próximo sábado, participa con ONGs, empresas y organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) en un evento que tiene en la democratización del retrete su centro de debate.

"Hacemos sólo lavabos públicos. Acabo de empezar con el negocio", explica a Efe el empresario Madhu S. Thakar al mostrar un moderno urinario público.

Thakar, que regenta su propia compañía -Thakar Equipment-, presume del modelo y asegura que "tiene un sistema especial de flujo de aire" para evitar los malos olores, además de un "plato especialmente diseñado para que el agua no salpique".

"El retrete se lava solo hasta cuatro veces una vez usado", dice el
orgulloso empresario, que se jacta de haber diseñado un urinario ecológico y "a la última" para la población india.

"Tiene un sistema antibacteriano, es higiénico, privado, ecológico y vale 60.000 rupias (unos 1.056 euros)", afirma Thakar.

En la exhibición que puede visitarse en Nueva Delhi se han dado cita desde modernos urinarios públicos que podrían implantarse en cualquier área rural de la India, como el de Thakar, hasta retretes occidentales para todos los gustos.

Un empleado de una de las compañías fabricantes de váteres explica la diferencia entre el modelo indio y el occidental:

"Los indios tienen otra forma de sentarse, y después se limpian con agua, al contrario que los occidentales, que utilizan papel higiénico. En el váter indio sólo hay un plato", describe el comerciante.

A las empresas suizas, norteamericanas, alemanas o inglesas se han sumado organismos como la Organización Mundial del Retrete y entidades como Tecnologías de Residuos del Pacífico, muchas de ellas dedicadas al diseño de váteres de bajo coste.

La celebración de esta conferencia en la India es especialmente pertinente, ya que más de la mitad de la población rural sigue haciendo sus necesidades en el campo, las cunetas o las vías ferroviarias.

El ministro de Desarrollo Rural, Raghuvansh Prasad Singh, afirmó el pasado mes de abril que para 2012 ningún indio tendrá que hacer sus necesidades al aire libre.

Sin embargo, el sueño de un retrete para cada indio aún está lejos de la realidad.

"No hay suficientes lavabos para mujeres", se queja una estudiante delhí, citada por el rotativo "Hindustan Times".

El mismo diario observa en su edición de hoy que, mientras que hacer las necesidades al aire libre es una obligación para muchos indios, en Occidente se hace para "retar a las autoridades" y como un símbolo de rebeldía.

La encargada de cortar hoy la cinta de la exhibición que ha de dar paso a un ciclo de conferencias fue la ex Miss Universo Yukta Mookhey, quien se acercó a varios de los puestos entre una nube de fotógrafos para mostrar interés por algunas de las iniciativas de las ONGs y admirar maquetas idílicas de cuartos de baño.

Pero los flamantes diseños de alguno de los váteres contrastan con el dato que aparece en un rótulo de la ONG Sulabh: "2.600 millones de personas en el mundo no tienen acceso a lavabos higiénicos".

Por Agus Morales


(Nosotros nos sentamos sobre el váter, buscando los 90 grados. Ellos, rodillas a cada lado de la mejilla: máxima flexibilidad, ángulo cerradísimo del pie con la tibia).

viernes, octubre 26, 2007

La India y el matrimonio

Me informa Efe.

martes, octubre 23, 2007

Durga y los múltiples brazos

Reanudamos Escalera con esta crónica escrita en Bengala sobre Durga, la diosa de los diez brazos, la inaccesible. Lleva un arma en cada mano pero, curiosamente, los hindúes dicen que no es la diosa de la guerra. Durga es la deidad de la fertilidad, como Venus. Las semejanzas entre la mitología griega y romana y la hindú son uno de los trampolines que los académicos han utilizado para saltar a uno de los espacios teóricos de esta bitácora: la relación subterránea entre la India y Europa. Volveremos sobre ello, más extensamente.







UN BLANCO OFRECE VIANDAS A DURGA EN UN HUMILDE HOGAR DE CALCUTA

sábado, octubre 13, 2007

Día de España

Como cada año, esperaba con expectación la concesión del premio Nobel de Literatura. Pero el que realmente me sorprendió fue, ayer, el de la Paz.

martes, octubre 09, 2007

Seis años en esto

La noticia que dimos ayer. Estaba hablando por teléfono con nuestro hombre en Afganistán sobre la ejecución de unos presos y me dijo que, quizá, uno de ellos fue el que acabó con la vida de cuatro periodistas. Le pregunté si se refería a aquella caravana donde viajaba, entre otros, Julio Fuentes, enviado especial de El Mundo, y que fue emboscada entre Kabul y Yalalabad.

No estaba seguro. Finalmente lo confirmó y envié la noticia, una más de tantas para muchos. Pero a mí me trajo reminiscencias de mi infancia periodística.

Recuerdo que cuando asesinaron a Fuentes yo acababa de empezar la carrera de Periodismo. Leía todas sus crónicas de Afganistán. Su muerte se confirmó un día antes de mi cumpleaños. Me quedó en la memoria para siempre el suplemento que dedicó el rotativo a la figura del reportero, los dibujos y los artículos, el tacto lejano. Aún lo guardo.

Nosotros somos la primera generación de periodistas post-11S. Vimos el atentado por televisión unos días antes de empezar la carrera. Mientras cursábamos nuestros estudios, también vivimos desde las aulas la invasión de Irak. Desde el principio, nos hemos tenido que plantear cómo meter los dedos por entre la pátina gelatinosa del terror, tanto real como inventado. Nacimos intelecualmente en plena época vaporosa. Nos formamos en un mundo con los muros cada vez más altos y teníamos nostalgia de un pasado anarquista en constante disolución que no se formó nunca.

Ahora miro atrás. Seis años después, estamos allí, allá, en aquella parte y acá. Cada uno marcaba su carácter desde aquel septiembre de 2001, cuando un profesor nos dijo en la segunda clase que no teníamos "ni puta idea de periodismo".

Jesús asustaba por su feroz consistencia, por el corte preciso de su pluma, por su mirada interna hacia la profesión. Hoy ya es periodista de El País, algo al alcance de pocos hombres de su edad. Garmor miraba de reojo mi visión exterior. Yo tenía siempre el espíritu lanzado hacia fuera. Interpretaba la realidad en clave de órbita. Seis años después, aunque con menos éxito que él, escribo noticias del universo surasiático para la ladera oeste.

Nunca supimos si el complemento de estas dos actitudes fue lo que nos hizo tan amigos, y si no era yo quien estaba en constante viaje interior y Garmor el que vivía en el exterior siguiendo al pie de la letra su divulgado literalismo.

Tampoco sabemos de dónde viene esta pasión. Por mi parte, la primera memoria que me dispuso al periodismo es la del suplemento dominical de La Vanguardia, donde a los ¿nueve? años leía artículos ¿de Quim Monzó? que no entendía. Recuerdo también el olor de El País, los domingos, cuando la luz entraba por el ático de Barcelona más indiscretamente que en mi terraza de Delhi.

No teníamos ninguna tradición periodística en nuestra familia. Pero se nos metió en la cabeza la cosa, ya muy temprano, infantilmente. Mientras me adentraba en la noche de Delhi a toda velocidad con la moto, pensé que a aquellos chiquillos catalanes que jugaban a baloncesto y fútbol les habría gustado, por un momento, asomar la mirada al futuro y ver lo que sus otros 'yo' adultos estaban haciendo para contentarles.

El rugido del motor colmó mis preguntas antiguas. Me dio sentido de aventura.

martes, septiembre 04, 2007

jueves, agosto 16, 2007